TÍTULO ORIGINAL: A bout de souffle
AÑO: 1960
DURACIÓN: 89 min.
PAÍS: Francia
DIRECTOR: Jean-Luc Godard
GUIÓN: Jean-Luc Godard (Argumento: François Truffaut)
MÚSICA: Martial Solal
FOTOGRAFÍA: Raoul Coutard (B&W)
REPARTO: Jean-Paul Belmondo, Jean Seberg, Daniel Boulanger, Henri-Jacques Huet, Roger Hanin, Jean-Pierre Melville, Jean-Louis Richard, Claude Mansard, Jean-Luc Godard
PRODUCTORA: Impéria Films / Société Nouvelle de Cinema
PREMIOS: Festival Internacional de Cine de Berlín: Oso de Plata a la mejor dirección en 1960
Michel Poiccard (Jean-Paul Belmondo) es un delincuente admirador de Bogart. Tras robar un coche en Marsella para ir a París, mata fortuitamente a un motorista de la policía. Emprende el viaje a París para cobrar un dinero que se le adeuda y volver a ver a su amiga estadounidense, Patricia (Jean Seberg). Al llegar a París pasa su tiempo con Patricia, intentando convencerla de acompañarle a Roma. Los dos van de un lugar a otro, mientras Michel trata de recuperar su dinero se oculta de la policía.
A bout de souffle es la opera prima del director francés Jean-Luc Godard, uno de los principales percusores de la Nouvelle vague. En conjunto con otros cineastas como François Truffaut que estrenó Les quatre cents coups en 1959; entre otros, consiguiendo el manifiesto del movimiento que se denominó Nouvelle vague y que revolucionó la forma de hacer cine.

A bout de souffle desafiaba el modo clasicista de confeccionar cine con un estilo de fotografía y montaje innovador. Al abaratar costes en material, cámaras ligeras y una iluminación natural rebotada, no tenían necesidad de trabajar en grandes estudios cinematográficos para montar las escenografías. Todo esto fue primordial en la concepción de una nueva forma de hacer cine, la reinvención del lenguaje cinematográfico clásico abrió nuevas puertas creativas. Las posibilidades de las nuevas características como el mirar a cámara, romper el racord, alterar los ejes de cámara, rodar cámara al hombro, la improvisación en ciertos momentos de los actores... todos estos atrevimientos, son la razón de comprender el cine actual.


Godard introdujo conceptos que podrían crear asincronías en los espectadores, aunque el público ya estaba muy acostumbrado a leer las imágenes en pantalla y reconstruir mentalmente aquellos fragmentos que no se mostraban entre acciones. De ahí la utilización del montaje por jumping cuts de un modo más frenético y alocado en comparación de las costumbres de por aquel entonces. También creó digresiones narrativas, se apartaba del hilo principal para mostrar diálogos que no afectaban en nada a la trama principal. Muchos de los diálogos de A bout de souffle son intrascendentes, no hacen avanzar la historia, algo impensable en el cine clásico. No por ello la serie de cineastas de la Nouvelle vague renunciaban al cine clásico, eran fervientes admiradores y defensores del modelo de cine clásico norteamericano de directores como John Ford, Howard Hawks y Hitchcock entre otros.
El reparto estaba compuesto por actores jóvenes, no contaban con grandes estrellas, pero el combo interpretativo de Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg transmite mucha química y compenetración. En la larga secuencia que ambos coinciden en la misma habitación se llega a un nivel muy alto, tanto interpretativo como de composición visual, diálogos y utilización de música diegética. En muchos momentos las actuaciones rozan la exageración y los largos planos secuencia con cámara al hombro, en conjunto de un montaje inusual, mostraba un resultado moderno y rompedor. Aún así, la estructura principal de los hechos y el planteamiento de los personajes son los basados en el cine negro, pero alterados y descompuestos en lo que innovación se refiere. La banda sonora acompaña muy bien a la acción, está compuesta por el pianista de Jazz Martial Solal. En A bout de souffle encontraremos un ritmo delirante, diálogos que despuntan y un cúmulo de nuevas herramientas cinematográficas, que a raíz de ese momento, se fueron desarrollando encauzando su uso.

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